domingo, 7 de junio de 2026

El martirio de Anacleto González Flores



Este año se cumplen cien años del inicio de la Gesta Cristera. Lamentablemente, poco se está hablando de esta gran hazaña católica; en la cual se vuelve a poner de manifiesto que hay motivos justos y santos para desenvainar la espada, por el honor de Dios y de su santa religión.

Trascribiremos el relato del martirio de Anacleto González Flores, tal como lo narra el P. Alfredo Sáenz, gran maestro argentino de numerosos sacerdotes y de multitud de laicos; tal como lo narra en «La Gesta de los Cristeros», en la Serie “La Nave y las Tempestades”, t. XII, edición Gladius, Buenos Aires, 2012, 310-319.

 

«La muerte del héroe

Anacleto se sintió permanentemente hostigado por la policía de Guadalajara viviendo a salto de mata y debiendo cambiar constantemente de domicilio. Se podría decir que no conoció día sin sobresalto. En diversas ocasiones fue encarcelado. Pero cuantas veces salía de la prisión continuaba como antes, sin retroceder un milímetro en su designio. No podía ignorar, por cierto, que estaba jugando con la muerte. Varias veces la vio muy cerca, pero jamás la esquivó, dejando de hacer, por temor, lo que debía. La idea del sacrificio de su vida no le era extraña ni remota. Uno de los capítulos de la última y más importante de sus obras lleva por título: “Reina de los Mártires, ruega por nosotros.” Ya anteriormente había sostenido que si las acciones encaminadas a la salvación de la Iglesia y de la Patria fallasen, sería preciso votar, no con papeletas, de las que se burlaban los enemigos, sino con las propias vidas, en un plebiscito de mártires: “Porque lo que se escribe con sangre, según la frase de Nietzsche, queda escrito para siempre, el voto de los mártires no perece jamás.”

Llegó un momento en que el acoso de sus enemigos lo obligó a esconderse. Por algunas infidencias se había enterado de que el Gobierno estaba decidido a acabar con él, en la idea de que así la resistencia se debilitaría sustancialmente. Una familia amiga, la de los Vargas González, le abrió las puertas de su casa, conscientes del grave peligro al que se exponían.

Allí se guarneció, disfrazándose de obrero; dejó crecer la barba, enmarañó su cabello, y siguió su actividad como antes. El 29 de marzo de 1927, pasó la noche con su familia, castigada por la miseria, alternando con su esposa, y rezando y jugando con sus tres hijitos. Fue la última vez que los vería. El 31 del mismo mes estaba, como de costumbre, en la casa de los Vargas González. Allí se confesó con un sacerdote que se encontraba de paso, y después se quedó comentando con él una reciente Pastoral del arzobispo de Durango, donde se aprobaba plenamente la defensa armada. “Esto es lo que nos faltaba –dijo Anacleto–. Ahora sí podemos estar tranquilos. Dios está con nosotros.”

Era de noche. Se retiró a su cuarto, y allí se puso a escribir para la revista Gladium un artículo de tres páginas, papel oficio, con excelente letra aún hoy perfectamente legible. La noticia de la que acababa de enterarse sobre la decisión del obispo de Durango fue lo que inspiró su pluma: “Bendición para los valientes, que defienden con las armas en la mano la Iglesia de Dios. Maldición para los que ríen, gozan, se divierten, siendo católicos, en medio del dolor sin medida de su Madre; para los perezosos, los ricos tacaños, los payasos que no saben más que acomodarse y criticar. La sangre de nuestros mártires está pesando inmensamente en la balanza de Dios y de los hombres. El espectáculo que ofrecen los defensores de la Iglesia es sencillamente sublime. El Cielo lo bendice, el mundo lo admira, el infierno lo ve lleno de rabia y asombro, los verdugos tiemblan. Solamente los cobardes no hacen nada; solamente los críticos no hacen más que morder; solamente los díscolos no hacen más que estorbar, solamente los ricos cierran sus manos para conservar su dinero, ese dinero que los ha hecho tan inútiles y tan desgraciados.”

Llegó la media noche, y Anacleto seguía escribiendo. Había empezado el día de su sacrificio, y, como dice Gómez Robledo, iba a pasar casi sin transición de la palabra a la sangre. Escribió entonces las palabras finales de su vida: “Hoy debemos darle a Dios fuerte testimonio de que de veras somos católicos. Mañana será tarde, porque mañana se abrirán los labios de los valientes para maldecir a los flojos, cobardes y apáticos.” Nos impresiona este hoy. ¿Era un presentimiento? “Todavía es tiempo de que todos los católicos cumplan su deber; los ricos que den, los críticos que se corten la lengua, los díscolos que se sacrifiquen, los cobardes que se despojen de su miedo y todos que se pongan en pie, porque estamos frente al enemigo y debemos cooperar con todas nuestras fuerzas a alcanzar la victoria de Dios y de su Iglesia.” Eran las tres de la mañana y se aprestó a tomar un breve descanso.

Una hora antes, un grupo de soldados había entrado por un balcón en la casa de Luis Padilla, brazo derecho del Maestro, deteniéndolo. Luego, hacia las cinco, movido por la delación de algún traidor, golpean la puerta de los Vargas. Hay soldados sobre las paredes y la azotea. Tras un cateo de la casa, se llevaron a las mujeres, la madre y sus hijas, por un lado, y a los varones que allí se encontraban, Anacleto y los tres hermanos Vargas González, Ramón, Jorge y Florencio, por otro. Todo esto nos lo contó personalmente, con  más detalles, por supuesto, María Luisa Vargas González, una de las hermanas, en una entrevista emocionante que mantuvimos con ella en la propia casa donde sucedió lo relatado.

Llegados los varones a destino, comenzó enseguida el interrogatorio. Lo que buscaban era que Anacleto reconociera su lugar en la lucha cristera y denunciase a los que integraban el movimiento armado católico de Jalisco; asimismo que revelase el lugar donde se ocultaba el obispo Orozco y Jiménez. Anacleto no podía negar su participación en la epopeya cristera. Bien lo sabían sus verdugos, ni era Anacleto hombre que rehuyera la responsabilidad de sus actos. Reconoció, pues, totalmente su papel en el movimiento desde la ciudad, pero nada dijo de sus camaradas ni del paradero del prelado. Entonces comenzó la tortura, lenta y terrible. En presencia de los que habían sido detenidos con él, lo suspendieron de los pulgares, le azotaron, mientras con cuchillos herían las plantas de sus pies.

– Dinos, fanático miserable, ¿en dónde se oculta Orozco y Jiménez?

– No lo sé.

La cuchilla destrozaba aquellos pies. Como dice Gómez Robledo, “el hombre que ha vivido por la palabra va a morir por el silencio.”

– Dinos, ¿quiénes son los jefes de esa maldita Liga que pretende derribar a nuestro jefe y señor el General Calles?

– No existe más que un solo Señor de cielos y tierra. Ignoro lo que me preguntan…

El cuchillo seguía desgarrando aquel cuerpo. “Pica, más, más”, le decía el oficial al verdugo. De manera semejante torturaban a los hermanos Vargas, por lo que Anacleto, colgado todavía, gritó: “¡No maltraten a esos muchachos! ¡Si quieren sangre aquí está la mía!”. Los Vargas, abrumados por el dolor, parecían flaquear; pero Anacleto los sostenía, pidiendo morir el último para dar ánimo a sus compañeros.

Tras descolgarlo, le asestaron un poderoso culatazo en el hombro. Con la boca chorreando sangre por los golpes, comenzó a exhortarlos con aquella elocuencia suya, tan vibrante y apasionada. Seguramente que nunca ha de haber hablado como en aquellos momentos… Se suspendieron las torturas. Simulóse entonces un “consejo de guerra sumarísimo”, que condenó a los prisioneros a la pena de muerte por estar en connivencia con los rebeldes.

Al oír la sentencia, Anacleto respondió con estas recias palabras: “Una sola cosa diré y es que he trabajado con todo desinterés por defender la causa de Jesucristo y de su Iglesia. Vosotros me mataréis, pero sabed que conmigo no morirá la causa. Muchos están detrás de mí dispuestos a defenderla hasta el martirio. Me voy, pero con la seguridad de que veré pronto desde el cielo el triunfo de la religión en mi Patria.”

Eran las 3 de la tarde del viernes 1° de abril de 1927. Anacleto recitó el acto de contrición. Aún de pie, a pesar de sus terribles dolores, con voz serena y vigorosa se dirigió al general Ferreia, que presenciaba la tragedia: “General, perdono a usted de corazón; muy pronto nos veremos ante el tribunal divino; el mismo Juez que me va a juzgar será su Juez; entonces tendrá usted un intercesor en mí con Dios.”

Los soldados vacilaban en disparar sobre él. Entonces el General hizo una seña al capitán del pelotón, y éste le dio con un hacha en el lado izquierdo del torso. Al caer, los soldados descargaron sus armas sobre el mártir.

La revista Gladium así recuerda las últimas palabras del héroe invicto:

Nuestro muy digno e inolvidable Presidente, con aquella gallardía cristiana con que siempre se distinguió en presencia de los perseguidores de la Iglesia, a pesar de lo exhausto de fuerzas, y después de ocho horas de terrible martirio, ya para morir y enfrente de los verdugos, que pronto le quitarían la vida, se irguió, y haciendo un supremo esfuerzo, pronunció estas sublimes palabras, que habrán de servir de maldición para los tiranos y para los católicos indiferentes, y como ejemplo para los que seguimos bregando por la santa Causa: Por segunda vez oigan las Américas este santo grito: Yo muero, pero Dios no muerte. ¡Viva Cristo Rey!

Se refería al grito que en el siglo anterior había lanzado García Moreno en el momento de ser asesinado. García Moreno, presidente católico del Ecuador, era uno de sus héroes más admirados, cuya historia conocía al dedillo.

Anacleto murió siete meses antes que el padre Pro. Tenía 38 años. Sus compañeros, Luis Padilla y dos hermanos Vargas González, fueron torturados y fusilados en el Cuartel Colorado, actual Museo del Ejército. Al tercero de los hermanos Vargas, Florencio, lo dejaron libre por creer erróneamente que era menor de edad, pero en el entretanto fue demorado en un salón del cuartel, para que allí esperara. Cuando la admirable madre vio a Florencio que regresaba solo, entendió que sus otros dos hijos habían sido fusilados, y entonces exclamó: “Ay, hijo, qué cerca estuvo de ti la corona del martirio y no la alcanzaste. Necesitas ser más bueno para merecerla.” ¡Singular madre ésta, de dos hijos mártires, que hubiera querido serlo de tres! Florencio, habiendo sido testigo ocular de lo acontecido en el cuartel, pudo luego relatar lo que allí había sucedido.

Los cadáveres fueron transportados en ambulancia a la Inspección de Policía, y allí arrojados al suelo para que sus familiares los retiraran. Por la noche se instaló una capilla ardiente en el humilde domicilio de la familia González Flores. La joven viuda acercó a sus hijitos al cadáver: “Mira –dijo, dirigiéndose al mayor–, ése es tu papá. Ha muerto por confesar la fe. Promete sobre este cuerpo que tú harás lo mismo cuando seas grande si así Dios lo pide.” Guadalajara entera desfiló ante los despojos mortales de Anacleto, pese a los obstáculos puestos por las autoridades. Algunos mojaban sus pañuelos en los coágulos que quedaron en la palangana cuando el aseo del cuerpo, otros tijereteaban su ropa para llevarse consigo alguna reliquia. Alguien le preguntó a uno de los hermanitos sobre la causa de la tragedia, y el niño, de tres años, contestó, señalando el cadáver de su padre: “Unos hombres malos lo mataron porque quería mucho a Dios.” Una multitud acompañó sus restos así como los de sus compañeros hasta la tumba. De Anacleto diría monseñor Manríquez y Zárate: “En el firmamento de la Iglesia Mexicana, entre la inmensa turba de jóvenes confesores de Cristo, se destaca como el sol la noble y gallarda figura de Anacleto González Flores, cuya grandeza moral desconcierta y cuya gloria supera a todo encomio.”

A su muerte, así cantó el poeta:

¡Patria, Patria del alma!

Patria agobiada, sí, mas no vencida.

La sangre de tu hijo

Es tu manjar de fortaleza y vida.

¡Anacleto!

Trigo de Dios fecundo

Plantado en la llanura sonriente

De Jalisco, no has muerto para el mundo.

Ayer humilde grano…

Eres ya espiga de oro refulgente

Y alimentas al pueblo mexicano.

Grande fue nuestra emoción cuando pudimos arrodillarnos delante de las lápidas que cubren los cuerpos de dos héroes de la fe: Miguel Gómez Loza, el mejor amigo de Anacleto, y el propio González Flores, en el Santuario de Guadalupe de Guadalajara. Sobre la de Anacleto leímos esta frase imperecedera:

Verbo

Vita

Et Sanguine docuit.

Enseñó con la palabra, con la vida y con la sangre. He aquí el martirio en su sentido plenario. Porque martirio significa testimonio. Y cabe una triple posibilidad de dar testimonio: con la palabra, mediante la confesión pública de la fe; mediante la vida, por las obras coherentes con lo que se cree; y, finalmente, mediante la sangre, como expresión suprema de la caridad y de la fortaleza. Anacleto dio testimonio con la palabra, y en qué grado; por las obras, y con cuánta abundancia; con la sangre, y tras cuáles torturas. Es, pues, mártir en el sentido total de la palabra.

El 20 de noviembre del año 2005, Anacleto González Flores fue beatificado por Benedicto XVI, juntamente con Miguel Gómez Loza, Luis Padilla, Jorge y Ramón Vargas González.»

martes, 10 de febrero de 2026

Un Progresismo Vergonzante

 



PRÓLOGO

 

La actual corriente del Progresismo, que está en todas partes liquidando a la Iglesia, es un fenómeno complejo de difícil caracterización.[1] Aquí intentamos el estudio de su fenomenología, de su fundamento y de su trayectoria.

Mantenemos firmemente nuestra convicción de que el Progresismo “primeramente” destruye la Cristiandad y, luego, por consecuencia, el Cristianismo. Por ello, la responsabilidad de Maritain que en su “Humanismo Integral”, inició, allá por la década del 30, el actual Progresismo. De aquí también la responsabilidad del teólogo Ives Congar, O. P. que, al adherirse a Maritain y a Mounier en la destrucción de la Cristiandad, ha contribuido al actual Progresismo.

Pero Maritain, Mounier y el mismo Congar han sido ya sobradamente superados. Hoy se está abiertamente en la destrucción del Cristianismo. Por eso, la importancia del libro de Arturo Paoli, “La Persona, el mundo y Dios”, al cual dedicamos un análisis teológico. Y como Paoli no hace sino reproducir el planteo de John Robinson, quien, en “Honest to God”, partiendo de premisas de la exégesis bíblica actual, crea “otra religión”, reproducimos la conferencia que dimos en diciembre del 64, sobre este libro de John Robinson con el título, “Un neo-cristianismo sin Dios y sin Cristo, término del Progresismo cristiano”.

Pero el cristianismo de Robinson y de Paoli no es sino un renuevo de la vieja y eterna herejía gnóstica; la cual, a su vez, es mezcla de la doctrina católica con la tradición cabalística, tan antigua, como la misma humanidad. Por ello, estamos preparando un libro, donde hemos de estudiar la trayectoria de la Cábala judía dentro del mundo cristiano.[2] Trayectoria que culmina en las corrientes gnósticas actuales, en las que se dan de la mano todas las filosofías salidas de Hegel –idealismo, evolucionismo, historicismo, vitalismo, marxismo y existencialismo–; toda la psicología salida de Freud y de Jung; toda la sociología salida de Compte y de Marx; todas las exégesis bíblicas salidas de Paul Tillich y de Bultmann; toda la economía política y cultura de masa que, a través de las disciplinas anteriormente nombradas, están modelando al hombre de la calle.

Con el nuevo cristianismo gnóstico se está realizando una operación de gran envergadura y, dejando las fórmulas y el aparato exterior de la Iglesia Católica, se está cambiando su contenido; de tal suerte que el hombre incluso al hacer profesión católica, lejos de adorar al Dios vivo y verdadero y a su Unigénito Jesucristo, adore la Humanidad y, en definitiva, a Satán.

Por ello, toda esta labor, que, en el alto nivel del pensamiento, se realiza en la teología, filosofía, psicología y sociología, es sincronizada con la labor que, en niveles inferiores, se realiza en la teosofía, el espiritismo, el ocultismo, la psicotécnica y la cultura de masas, y todas ellas con la religión de Satán, cuyo templo, –The Temple of Understanding, el Templo de la Inteligencia–, se está construyendo en Washington.

Nada más lógico que si el hombre rechaza a Jesucristo, el Unigénito del Padre, dirija su adoración a Satán, el Príncipe de este mundo. Y el catolicismo, desacralizado y secularizado; el catolicismo diluido en el mundo, ya que los teólogos no lo quieren sobre el mundo, será, junto al confucionismo, hinduísmo, budismo, islamismo y judaísmo, una de las formas exotéricas en que se rinde a Satán el culto igualitario de la religión universal.

El Progresismo dentro de la Iglesia está trabajando aceleradamente en esta operación, que fue planeada en las altas logias a fines del siglo pasado.

 

 

 

Julio Meinvielle

 

Buenos Aires, 20 de agosto de 1967.



[1] El texto que aquí publicamos es Un Progresismo Vergonzante, Cruz y Fierro Editores, Buenos Aires, 1967.

Casi en su totalidad fue reproducido en Meinvielle, Julio, El Progresismo Cristiano, Cruz y Fierro Editores, Buenos Aires, 1983, 11-56. 203-227. 233-262; excepto esta introducción, que ahora publicamos.

[2] Meinvielle, Julio, De la Cábala al Progresismo, Edic. Calchaquí, Salta, 1970.

viernes, 1 de agosto de 2025

Oración pidiendo la intercesión del P. Julio Meinvielle

 

(Para la devoción privada)¹


Señor, Dios de los Ejércitos, que has hecho al Padre Julio Ramón Meinvielle sacerdote del Dios Altísimo, y que por amor a la salvación eterna de las almas, ha llegado a realizar numerosas obras, a estudiar y a difundir la verdad en contra de los fautores de herejías; y que le has dado la firmeza para no claudicar frente a los innumerables ataques que ha recibido durante su vida terrena (ataques que continúan incluso hoy, después de su muerte); te pedimos por su intercesión la solidez pétrea de su fe, la certeza inamovible de su esperanza y la caridad ardiente que lo hacía ofrecerse cada día a Dios y al prójimo sin reservas; y que, si es para tu mayor honor y gloria, te dignes que sea elevado a los altares y que, por sus ruegos en el Cielo, nos concedas las gracias que por él te suplicamos...

Por Jesucristo nuestro Señor.

Amén.



¹ Mañana, 2 de agosto, se cumplen 52º años del fallecimiento del Padre Julio. Para no dejar pasar este aniversario, hacemos pública esta oración, que hemos ya compuesta hace algún tiempo.

martes, 13 de mayo de 2025

Prólogo: La Psicopolítica, ciencia y arte fundamental del comunismo



         Publicamos en nuestro pequeño blog el prólogo que el P. Julio Meinvielle escribiera en la traducción de este pequeño libro, que el querido amigo Fernando Estrada tradujera.

         Al leer estas páginas es imposible no pensar automáticamente en la gran manipulación que se hizo en el 2020 y en el 2021 en todo el orbe con el llamado "coronavirus" y la supuesta vacunación masiva a la cual sometieron compulsivamente a toda la población. Para que se vea que esto es más actual que nunca.

         La foto de la portada ha sido generosamente concedida por los amigos de la Junta de Estudios Históricos del Barrio de Versailles. Vaya también para ellos nuestro agradecimiento.


KENNETH GOFF

 

PSICOPOLÍTICA

TÉCNICA DEL LAVADO DE CEREBRO

 

PRÓLOGO

 

La Psicopolítica, ciencia y arte fundamental del comunismo

 

El comunismo intenta la creación de un hombre “nuevo”, totalmente nuevo, y diferente de aquel que ha conocido la tradición humana y cristiana de los pueblos. En esa tradición, como he tenido la ocasión de exponerlo en recientes obras, el hombre trabaja para disponer de riquezas que le aseguren el vivir; vive para conseguir un alto enriquecimiento cultural de la vida del pensamiento; piensa, en fin, para acercarse a Dios que es su Principio y Fin. El hombre en definitiva está hecho para contemplar a Dios. Podrá, es cierto, ocuparse de otras muchas actividades, pero sólo en la medida en que le dispongan y preparen para esta su tarea esencial, que es lo único para lo que ha sido creado. El comunismo, en cambio, al suprimir a Dios del horizonte del hombre, sostiene que éste no es sino una herramienta de trabajo, útil en la gran fábrica en que se transforma toda ciudad de hombres. Esta transformación plenaria del concepto del hombre ha de implicar una nueva concepción del universo en el cual todo ha de reducirse a un proceso dialéctico en el sentido hegeliano-marxista. O sea, a un proceso de los seres, del mismo hombre, de los pueblos y de la historia en una lucha incesante, interminable del ser y del no ser, de la mentira, del odio y del crimen. Todo ha de convertirse en Guerra Revolucionaria contra el hombre. Guerra Revolucionaria por la conquista del poder en un pueblo y luego, ya en el poder, Guerra Revolucionaria para convertir al hombre en un mero esclavo de la nueva sociedad revolucionaria. Pero para que la Guerra Revolucionaria sea realmente eficaz no debe actuar desde fuera del hombre sino en el hombre mismo y en su totalidad, alcanzando no sólo al cuerpo, sino también al alma. De aquí que el comunismo preste cada vez mayor atención a la ciencia de la Psicopolítica o ciencia del lavado del cerebro. Cuando se habla de lavado del cerebro, la gente tiende a pensar que éste no se practica sino a escala individual. Por ello preferimos el nombre de Psicopolítica que hace referencia explícita a lo político o colectivo, dimensión en la que de preferencia práctica el comunismo el lavado de cerebro. Es ésta, con toda verdad, la ciencia de la domesticación de los pueblos. Una nueva especie de ciencia arquitectónica que, echando mano de todas las conclusiones de las otras ciencias humanas, en especial de la Psicología y Sociología, trabaja en la elaboración de un nuevo tipo de hombre domesticado. Algo ya ha trascendido a gran público del poderío de esta ciencia con “1984” de Orwell y con “Una nueva visita al hombre feliz”, de Aldous Huxley. Pero como éstos son libros de ficción, el lector puede estar inducido a pensar que, por ahora la práctica de esta formidable ciencia, quedaba limitada al campo de la fantasía. Por esto, se ha hecho urgente y necesario hacer conocer a los lectores de la Argentina el texto comunista de Psicopolítica, tal como ha llegado al mundo occidental. El primer material sobre Psicopolítica fue hecho conocer en los Estados Unidos, en el año 1955 por Charles Stickley y luego en 1956 por Kenneth Goff, quienes hicieron conocer en realidad el mismo texto usado por el poderoso policía de la Unión Soviética Laurenti Beria. La edición que presentamos hoy es el texto de Stickley que concuerda sustancialmente con el de Goff. El lector ha de advertir prontamente que el grandioso progreso operado por las ciencias fisio-psicológicas y psiquiátricas de los últimos cincuenta años ha sido puesta al servicio de esta praxis de transformación de la psiquis humana. Una praxis podríamos decir diabólica de transformación del hombre. Para ello se utilizan no sólo las teorías del psicoanálisis de la escuela freudiana sobre el almacenamiento en el fondo de la conciencia de todo lo que el hombre, aun sin percatarse de ello, recibe a través de los sentidos, sino también las teorías de los reflejos condicionados elaborada en las célebres experiencias de los perros de Pavlov.

Por la práctica de la Psicopolítica pueblos enteros se convierten en laboratorios donde individuos o grupos más o menos grandes de individuos son sometidos con diferentes técnicas a un tratamiento de domesticación, como si fueran vulgares bestias, de las que no se trata sino de lograr el mayor rendimiento con el menor esfuerzo. De esta suerte, ciencias nobilísimas como la política y la economía que hasta aquí eran consideradas como ciencias de valor humano, se convierten en técnicas de domesticación colectiva que no rebasan la esfera de fisiología animal. El hombre no es sino un ser, movido por fieros instintos, cuya manipulación puramente fisiológica ha de resolver en manos de expertos psicopolíticos, los grandes problemas de la conducción de los pueblos. El lector argentino podrá apreciar el valor y la importancia de las páginas que publicamos si tiene en cuenta que en este preciso momento nuestra querida Patria está sometida por Fuerzas ocultas internacionales a la Guerra Revolucionaria comunista. En consecuencia, también en nuestra Patria ha de estar operando febrilmente un grupo de hombres que, dotados de poderosos recursos internacionales, y con todo el atuendo de las Ciencias Psicológicas y Sociológicas novísimas, se proponen la tarea criminal y diabólica de aplicar en nuestros niños, adolescentes, jóvenes y aun en ciertos hombres maduros, colocados en puestos claves de la vida nacional esta ciencia de la domesticación del hombre. Ya llegará el momento de revelar algo en esta materia. Baste por hoy saber que uno de los centros más activos de los visibles lo constituye actualmente el grupo, vastamente ramificado, que se reúne alrededor de los judíos comunistas, el psicólogo Jaime Berstein y el sociólogo Gino Germani de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. El autorizado texto de Psicopolítica que por vez primera se publica entre nosotros ha de contribuir a crear conciencia de la terrible peligrosidad del comunismo.

 

 

 

 

            Pbro. Dr. Julio Meinvielle, Buenos Aires, fiesta de Reyes de 1963

domingo, 22 de diciembre de 2024

Predicar y morir por Cristo Rey

 


Hoy, domingo 22 de diciembre, se cumplen 50 años del martirio de Carlos Alberto Sacheri.

Frente a un mundo mediocre, que se esfuerza por poner de ejemplo a gente sin valía, el Señor ha bendecido a La Argentina con la sangre de los mártires Jordán Bruno Genta, Raúl Amelong y Carlos Alberto Sacheri. Su martirio tiene como finalidad, en la actualidad, el que podamos vencer el espíritu de la época mediocre presente y vivamos solo para que Cristo reine.

Recordemos que el martirio no se improvisa. Tengamos presente que Sacheri siempre vivió su vida dando lo mejor de sí. Y que amó nuestra patria, y que quiso venir a sufrir por ella cuando podría haberse quedado cómodo en Canadá o Europa… Rechazó todas las ofertas. Porque amar la patria terrena es abrirse a la celestial.

Sin duda, el ejemplo de su maestro lo animó. P. Julio Meinvielle no solo le enseñó a pensar sino que le dio ejemplo sacerdotal que la vida cristiana ha de producir el ciento por uno. Tantas veces perseguido, silenciado y calumniado; otros tantos intentado ser asesinado… Pero nada hizo callar al “párroco de la Argentina”, “el teólogo de la Cristiandad”, “al teólogo de la Argentina”. Porque solo es real la fe que se hace vida, el verbo (Verbo) que se hace carne.

Meinvielle le dio ejemplo que si hubiese uno, ya vale la pena. Por Carlos, el P. Julio siguió sus clases de la Summa Theologiae de Santo Tomás. Solo por Carlos. ¡Qué sacerdocio fecundo! Frente a la herejía actual del número, prefirió el P. Meinvielle la calidad. ¡Y qué calidad! ¡Qué tiempo mejor aprovechado! Sin lugar a dudas, el mejor discípulo suyo fue el mártir Sacheri.

De modo semejante, Carlos no dejaría en el futuro de aprovechar cualquier oportunidad para hablar… Aunque sea uno solo… Como habían hecho con él…

Frente a numerosos discípulos que traicionaron a su maestro, Carlos siguió la mejor senda: la estrecha, la que conduce a la vida eterna.

Tampoco Sacheri dejaría de dar testimonio… Aunque fuera él solo, y la realidad fuera espinosa… Tal como firmó solamente él la carta dirigida a los Obispos, advirtiendo de la intromisión del clero tercermundista en la Argentina; carta que luego fue colocada en “La Iglesia clandestina”, y que, seguramente, fue la causa de su muerte.

Padre fecundo e intelectual combatiente, que vio la muerte y la aceptó como su destino más probable, nos enseña a nosotros a despertarnos de nuestro letargo y a dar el mejor testimonio, sin miedo a nada ni a nadie.

Argentina ha sido, por gracia de Dios, regada con la sangre de los mártires, iluminada por la sabiduría sobrenatural de los santos, ejemplificada por la gallardía de los héroes, enseñada por la doctrina de los sabios… Todo esto es el nacionalismo argentino: sin mérito de nuestra parte, tenemos mártires, santos, héroes y sabios.

No dejemos que esta hermosa herencia caiga en saco roto. Despreciemos la iglesia de la publicidad (que siempre será clandestina) y sus ejemplos mediocres y/o revolucionarios; y abracémonos a la Iglesia de Cristo, que es el mismo hoy, ayer y para siempre.

jueves, 12 de septiembre de 2024

¡Fuera Satanás!

 

Vademécum del Católico Fiel - Conferencias del Padre Julio Meinvielle


La obra que en estos momentos es editada en San Fernando, Chile, nos recuerda la importancia de mantener íntegra la Fe católica, sin la contaminación de las ideas imperantes del mundo moderno.

Consta de dos partes. La primera contiene el Vademécum del Católico Fiel. Esta primera parte es presentada por el P. Rubén Eduardo Martínez Cordero (de Ecuador) y por el P. Juan Razo García (de México). En él un grupo de Pastores firmaron un documento recordando algunos puntos de la doctrina católica que parecían especialmente amenazados por algunas corrientes teológicas. Muchos de los problemas ya dilucidados en la época son iguales a los que sufren muchos fieles católicos en distintas partes… El documento está firmado en la fiesta de Cristo Rey de 1968, aunque en sucesivas ediciones fue firmado por otros sacerdotes: algunos han adherido con su firma y otros 400 firmaron bajo secreto “recelando represalias de sus superiores” (p. 52). Como se ve, nihil novum sub sole.

En el texto se destaca la aprobación del Card. Antonio Bacci, de Mons. Marcel Lefebvre y de Mons. Léon-Adolphe Messmer (Obispo de Ambanja, Madagascar).

Uno de los firmantes del texto en cuestión fue el Padre Julio Meinvielle, eminente sacerdote argentino, de quien se conocen casi sus obras principales, pero sus numerosos opúsculos son casi ignorados por la inmensa mayoría. En la segunda parte de la obra se publican algunas de esas últimas conferencias. Con introducción de Mons. Athanasius Schneider, de Mons. Héctor Aguer, del Dr. Antonio Caponnetto, y de quien suscribe, se da publicidad a cuatro artículos: “La Iglesia en la actualidad”, de 1968; “La política actual en torno a la idea de Cristiandad”, de 1972; “Cristianismo y comunismo”, de 1972; y un escrito hasta ahora inédito “El enemigo de la Iglesia”, de 1973. Este último texto es publicado gracias a la generosidad del Círculo de Formación San Bernardo, quien, a través de la Lic. María Virginia Olivera de Gristelli, han tenido la amabilidad de compartirlo. El texto “Cristianismo y comunismo” fue aportado por el Instituto Bibliográfico “Antonio Zinny”, de la Ciudad de Buenos Aires.

Las fotos que acompañan la obra donde aparece el Padre Meinvielle pertenecen a la Junta de Estudios Históricos del Barrio de Versailles, donde el mencionado sacerdote fue el primer párroco. Las fotos de la escultura son de la pieza tallada por el escultor Roppo Marsch, de Coronel Suárez (Buenos Aires).

La obra original fue editada por la Editorial Fides et Opera, de Chile. Pero será reeditada por Santiago Apóstol, en Argentina; y por Edimaux (Editorial María Auxiliadora), de México. Quiera Dios que pueda reeditarse en otros países. Para ello, contactarse con el editor, Ángelo Guíñez Jarpa, al mail editorialfidesetopera@gmail.com.

Si alguno desea más información acerca del libro, recomendamos ver el programa del Sr. Luis Román, donde entrevista a algunos de los responsables de la obra.

Que el Señor recompense a todos aquellos que han contribuido a que esta obra sea ahora publicada y difundida. Que no dejemos de empuñar las armas espirituales de la verdad católica contra la confusión hodierna.

viernes, 14 de junio de 2024

Elogio del Maestro Cristiano

 

Discurso de acción de gracias de San Gregorio Taumaturgo dirigido a Orígenes, después de asistir a sus lecciones durante muchos años, pronunciado en Cesarea de Palestina, cuando iba a marchar para su patria[1]

 

“Me propongo, en efecto, hablar de un hombre que parece y aparece realmente como un hombre; mas para quienes son capaces de contemplar la grandeza de su espíritu, hombre dotado ya de dotes superiores que lo acercan a la divinidad.”

“Ahora tengo que recordar lo que hay de más divino en este hombre, lo que en él hay de emparentado con Dios, encerrado, desde luego, en la apariencia mortal, pero que tiende con la mayor violencia a asemejarse a Dios; ahora tengo que tocar de un modo u otro cosas superiores, y dar por ello gracias a la divinidad de que me hiciera merced de encontrarme con hombre tal, contra toda esperanza de hombres, de los otros y de mí mismo, que jamás me propuse ni soñé cosa semejante.”

“También nos hincó el aguijón de la amistad, y no un aguijón fácil de arrancar, sino agudo y eficacacísimo, el de su propia destreza y buena voluntad, que nos parecía patente en sus propias palabras cuando hablaba y conversaba con nosotros. Y es así que no trataba de envolvernos vanamente con sus discursos, sino de salvarnos con hábil, humana y bondadosísima intención, y de hacernos partícipes de los bienes de la filosofía, y señaladamente de aquellos otros de que a él solo, con ventaja sobre muchos y tal vez sobre todos los hombres que hoy viven, le hizo merced la divinidad: el maestro de la piedad, la palabra saludable, que a muchos llega y subyuga a todos los que llega… Así, pues, como una centella, caída en medio de nuestra alma, se encendió e inflamó el amor al Logos mismo sagrado y amabilísimo, que, por su inefable hermosura, lo atrae todo, y el amor a este hombre amigo e intérprete suyo.

Herido yo principalmente de este amor, me decidí a renunciar a todo lo que parecía atraerme, cosas y estudios, entre ellos los de mis hermosas leyes, así como a mi patria y parientes, a los que aquí estaban y a los que dejé en mi viaje. Sólo una cosa me era ya cara y amada, la filosofía, y este hombre divino, maestro de ella. Y se pegó el alma de Jonatás a David (1 Rey. 18, 1).”

“A estilo muy socrático nos impresionaba a veces, y otras nos derribaba al suelo con su discurso, si alguna vez nos veía de todo punto desenfrenados, como caballos salvajes que saltábamos fuera del camino y corríamos desbocados de acá para allá, hasta que, con persuasión y fuerza, como por un freno, que es la palabra de nuestra boca, con él nos sujetaba y apaciguaba. La cosa no fue fácil ni sin dolor al principio, pues dirigía sus discursos a quienes no estaban aún acostumbrados ni ejercitados en seguir la razón; pero, a la postre, nos purificaba.”

“Educaba racionalmente aquella parte de nuestra alma, a la que atañe juzgar sobre dicciones y razones; no según los juicios de los buenos retóricos u oradores, sobre si la dicción es helénica o bárbara; ésa es enseñanza mínima e innecesaria.”

“Pero nos inculcaba sobre todo lo que es culminación de todas las cosas, lo que constituye el blanco a que apunta todo el trabajo de la casta de los filósofos, que, como de plantación varia, que son las otras disciplinas todas y el largo estudio de la filosofía, recoge los buenos frutos de las divinas virtudes morales, de las que nace la disposición tranquila y constante de las mociones del alma. Así se esforzaba por hacernos insensibles al dolor e indiferentes a los males todos, disciplinados y constantes y semejantes a Dios y realmente bienaventurados.”

“Éste [el Maestro Orígenes]… no se contentaba con explicarnos con sus palabras la teoría de las virtudes, sino que nos exhortaba también a su práctica, y nos exhortaba más con su ejemplo que con sus palabras.”

“Este… fue el primero que me exhortó con sus palabras, pero a la exhortación de palabra había precedido la de los hechos… Yo quería decir que de sí mismo sacaba un ejemplar del sabio; pero nuestro discurso prometió desde el comienzo decir verdad, y no pompa o afectación; por eso no hablo aún de ejemplar de sabio, por más que lo quisiera decir y es verdad… A las obras encaminaba también los discursos, y no pequeña parte de la virtud y hasta, si lo comprendimos bien, tal vez la virtud entera poníala en la teoría o contemplación misma; pero también forzaba, si cabe decirlo así, a obrar rectamente, a obrar justamente por la acción propia del alma que nos persuadió a seguir.”

“Así nos educaba, forzándonos, si cabe así decirlo, a practicar la justicia. Y no menos a ser también prudentes, por la concentración del alma en sí misma y por la voluntad y empeño de conocernos a nosotros mismos; obra ésta óptima de la filosofía, que se atribuye, como imperativo sapientísimo, al más adivino de los démones: Conócete a ti mismo. Y que esto sea realmente la obra de la prudencia y ésta sea la prudencia divina, bellamente lo dicen los antiguos; la misma dicen ser la virtud de Dios y del hombre, dado que el alma se ejercite en mirarse a sí misma como en un espejo y reflejar la mente divina en sí misma, si se ha hecho digna de esta comunión y sigue el rastro de cierto camino, misterioso para ella, de esta divinización.”

“La piedad… dicen –y dicen bien– ser madre de las virtudes. Esta es, en efecto, principio y fin de todas ellas, y, partiendo de ésta, con la mayor facilidad adquiriríamos todas las otras. Si deseamos y tenemos empeño en poseer para nosotros mismos lo mismo que todo hombre que no sea un ateo y voluptuoso debe ser: amigo y abogado de Dios, trabajemos por adquirir las otras virtudes.”

“Todo lo que de provechoso y verdadero hallaba en cada filósofo, lo recogía y nos lo exponía; pero sabía deslindar todo lo falso; sobre todo lo que atañía a la piedad de los hombres.”

“Sobre esto nos aconsejaba no prestar atención a nadie, por más que fuera por todos los hombres celebrado como sapientísimo, sino a solo Dios y a sus profetas. El mismo nos interpretaba y esclarecía cuanto de oscuro y enigmático se nos ofrecía, como se da frecuentemente en las sagradas letras… Como quiera que sea, si se trataba de enigmas, él los aclaraba y sacaba a la luz, por ser oyente fuerte e inteligentísimo de Dios... Es así que el autor de todas las cosas, el mismo que habla a los profetas amigos de Dios y les inspira toda profecía y discurso místico y divino, honrándolo a él por modo igual, lo constituyó intérprete de aquellos oráculos.”

“Él era realmente para nosotros un paraíso, imitación del gran paraíso de Dios, en que no teníamos que cultivar esta tierra de abajo ni alimentar nuestros cuerpos para engordar, sino sólo acrecentar, con alegría y placer, las excelencias de nuestra alma, plantándonos nosotros mismos como árboles hermosos o plantados para nosotros por el que es autor de todas las cosas.”

“¡Qué hermosamente vivía oyendo, en silencio, la palabra de mi maestro! Así debiera haber aprendido a callar también ahora, y no dar el extraño espectáculo de convertir en oyente a mi maestro.”

“¿A qué me lamento de este modo [ante la partida]? Está el salvador de todos, que recoge también y cura a los que están medio muertos y a todos los que han caído en manos de bandoleros, el Verbo, custodio vigilante de todos los hombres. Tenemos también las semillas, tanto las que tú nos hiciste ver que ya teníamos como las que de ti recibimos, que son los hermosos consejos, con que nos marchamos, llorando, desde luego, como quienes parten de viaje, pero llevando con nosotros esas semillas (cf. Ps. 125, 6).”

“Tú, cara cabeza, levántate y, después de orar, despídenos ya, y, pues me has salvado, presente, con tus sagradas enseñanzas, sálvame también, partido, con tus oraciones. Y entréganos y encomiéndanos; pero más bien entréganos al Dios que nos trajo a tu lado; dale gracias por nosotros por sus beneficios pasados y ruégale, para lo por venir, que nos asista en todo momento, inspire a nuestra mente sus mandamientos y nos infunda su divino temor, que será nuestro mejor pedagogo, pues no le obedeceremos, salidos de aquí, con la misma libertad que a tu lado. Ruégale nos conceda algún consuelo por esta separación tuya, y nos mande un compañero bueno, el ángel caminante. Pídele que nos haga volver y nos conduzca de nuevo a tu lado, y éste será nuestro mayor consuelo.”



[1] Extracto tomado de: Apéndices – I, en Orígenes, Contra Celso, BAC, Madrid, 1967, 587-615 [Trad.: Daniel Ruiz Bueno].