jueves, 16 de noviembre de 2017

La unidad y la universalidad de la fe católica


“Todos los oímos proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios” (Hech. 2, 11)[1]
Con este texto, san Lucas nos describe en los Hechos de los Apóstoles los efectos de lo que realizó el Espíritu Santo en las almas de los primeros que se hicieron cristianos, los cerca de tres mil que se unieron a la fe católica, una multitud de todos los lugares que, aunque venidos de lenguas y razas distintas, abrazaron todos la misma fe y profesaron todos la misma caridad: “Tenían un solo corazón y una sola alma” (Hech. 4. 32). Todos conocemos la rapidez de la propagación de la fe en el mundo antiguo: “Somos de ayer y ya llenamos todo lo vuestro”[2], pudo decir el escritor antiguo Tertuliano. Ya en la época apostólica podemos ver que al menos dos apóstoles, Santiago y San Pablo, llegaron hasta España, el extremo occidental conocido; y que, por otra parte, el Evangelio llegó al norte de África, con san Marcos en Alejandría, por ejemplo; y hasta la India, en la persona de santo Tomás.
Por esto san Ireneo puede escribir: “La Iglesia recibió esta predicación y esta fe, y, extendida por toda la tierra, con cuidado la custodia como si habitara en una sola familia. Conserva una misma fe, como si tuviese una sola alma y un solo corazón (Hech 4,32), y la predica, enseña y transmite con una misma voz, como si no tuviese sino una sola boca. Ciertamente son diversas las lenguas, según las diversas regiones, pero la fuerza de la Tradición es una y la misma. Las iglesias de la Germania no creen de manera diversa ni transmiten otra doctrina diferente de la que predican las de Iberia o de los Celtas, o las del Oriente, como las de Egipto o Libia, así como tampoco de las iglesias constituidas en el centro del mundo; sino que, así como el sol, que es una creatura de Dios, es uno y el mismo en todo el mundo, así también la luz, que es la predicación de la verdad, brilla en todas partes (Jn 1,5) e ilumina a todos los seres humanos (Jn 1,9) que quieren venir al conocimiento de la verdad (1 Tim 2,4).”[3]
Para contribuir a la celeridad de la adhesión a la verdad revelada no faltaron los milagros venidos desde Dios, como el mismo Cristo lo anunció al final del Evangelio de san Marcos (cf. 16, 17-18) y lo vemos en los Hechos (por ejemplo, Hech. 5, 12-16).
Pero también es cierto que no faltó una cierta preparación para el Evangelio en el mismo sustrato cultural que impregnaba la sociedad del momento.
En efecto, eran tantas y tan variadas las doctrinas enseñadas que las multitudes habían caído en un escepticismo en el conocimiento de la verdad. Además, la idolatría que abundaba, materializándose en el culto al emperador, hacía que muchos hombres no tomasen las prácticas religiosas con la seriedad que requieren.
Como consecuencia de la ausencia de conocimientos permanentemente válidos se encontraban la mayor cantidad de desviaciones morales: desde los circos romanos donde se asesinaban mutuamente los seres humanos, con el deleite de la plebe; hasta perversiones sexuales de todo estilo, desde el abandono de los hijos y el aborto[4] hasta la homosexualidad, la malicia y la crueldad (cf. Rom. 1, 18-32). Por esto es que el paganismo había caído en una profunda desesperación: el no haber nada absoluto, ni en el culto de Dios (por esto hacían altares incluso “al dios desconocido” [Hech. 17, 23]), ni en la enseñanza de la verdad, ni en su práctica para alcanzar la salvación.
Frente a este mundo desesperado, el Evangelio les presentó la salvación: el culto al único Dios verdadero “en espíritu y en verdad” (Jn. 4, 24), el conocimiento de Dios y de su Mesías como único camino de salvación (cf. Jn. 17, 3) y el seguimiento de Jesucristo en la propia vida como condición indispensable para participar de su victoria. Por eso las multitudes se adherían a la fe. Así, Dios hizo “que los pueblos dispersos se congreguen y las diversas lenguas se unan en la proclamación de la gloria de tu Nombre”[5], como rezamos en la oración colecta de la Misa de la Vigilia.
El mundo antiguo era un verdadero Babel (cf. Gn. 11, 1-9). Babel quiere decir “confusión”, en hebreo. El pecado confunde y dispersa; el Divino Espíritu aclara la inteligencia y une verdaderamente las voluntades, hasta el punto que todos “tenían un solo corazón y una sola alma” (Hech. 4. 32).
Hoy debemos pedir una nueva efusión del Espíritu, porque vivimos en un mundo que ha vuelto al paganismo. El relativismo (sostenido contradictoriamente como lo único absoluto), la irreligión y la superstición, las desviaciones sexuales, los crímenes como el aborto y la eutanasia, el “imperialismo” internacional del dinero (en la célebre expresión de Pío XI[6]), etc., son hoy moneda corriente.
La revelación nos enseña que al fin de los tiempos volverá la confusión de Babel en Babilonia (que, de hecho, ambas tienen la misma raíz), la ciudad mundana por excelencia, que prostituía a todos los pueblos de la tierra (cf. Apoc. 18, 3), inclinándolos a la idolatría. Esta confusión es la que hoy vemos, y no sólo en el ámbito mundano, sino también, lamentablemente, dentro de la Iglesia. Sacerdotes y obispos que quieren negar el concepto del pecado, profanaciones de templos (como ocurrió tristemente nada más ni nada menos que en la Basílica de Luján, haciendo un festival de música rock, con muchos cantantes de pésima moralidad), la búsqueda de la legitimización de las uniones de hecho y de la homosexualidad usando presiones extorsivas de tipo políticas y económicas que un cristiano no debe realizar ni siquiera en el siglo, etc. En el mejor de los casos, la actitud de estos Pastores se parece a la de Pedro, cuya hipocresía había arrastrado a otros a la simulación (cf. Gal. 2, 13). Otros directamente son lobos que no perdonan al rebaño (cf. Hech. 20, 29-30), que ocultan la enfermedad bajo capa de salud, y el pecado so pretexto de misericordia.
Incluso algunos llegar a temer que en el próximo Sínodo de la Familia no se toque la doctrina (lo cual es imposible), pero que se den ciertas facultades a las Conferencias Episcopales. Pero como ha dicho el Card. Sarah, Prefecto de la Congregación para el Culto y la Disciplina de los Sacramentos, en su libro “Dieu ou rien:La idea, que consistiría en colocar el Magisterio dentro de una atractiva cajita apartándolo de la práctica pastoral –la cual evolucionaría según las circunstancias, modas y pasiones del momento–, es una forma de herejía, una peligrosa patología esquizofrénica”. Esto amenazaría la catolicidad de la Iglesia (por la frase que he citado de san Ireneo), siendo una reedición de la herejía galicana. Esto daría a las Conferencias Episcopales un status del cual carecen por Divina institución. Así dice al respecto el Motu Proprio Apostolos Suos, de Juan Pablo II: “Al afrontar nuevas cuestiones y al hacer que el mensaje de Cristo ilumine y guíe la conciencia de los hombres para resolver los nuevos problemas que aparecen con los cambios sociales, los Obispos reunidos en la Conferencia Episcopal ejercen juntos su labor doctrinal bien conscientes de los límites de sus pronunciamientos, que no tienen las características de un magisterio universal, aun siendo oficial y auténtico y estando en comunión con la Sede Apostólica.”[7]
De este modo, la confusión entre la Iglesia y el mundo impide la eficacia misionera, porque las personas de buena voluntad no pueden seguir la fe si ésta no es presentada de manera convincente y totalizante.
Por lo tanto, debemos rezar y hacer penitencia para que la Iglesia siga siendo “columna y fundamento de la verdad” (1 Tim. 3, 15) y no del error o del relativismo; y que la fe siga siendo la “lámpara que alumbra en un lugar oscuro” (2 Ped. 1, 19), es decir, “que ilumine a todos los que están en la casa” (Mt. 5, 15) de este mundo, aún aquellos a los cuales ha venido y no han querido recibirlo (cf. Jn. 1, 9-11). Pidamos que la Iglesia sea anticipo de aquella Jerusalén celestial, en la cual “no entrará en ella cosa vil, ni quien obra abominación y mentira” (Apoc. 21, 27), sino donde sólo reina la caridad “porque el Señor Dios alumbrará sobre ellos” (Apoc. 22, 5). “El Espíritu y la novia (es decir, la Iglesia) dicen: Ven. Diga también quien escucha: Ven. Y el que tenga sed venga; y el que quiera, tome gratis del agua de la vida” (Apoc. 22, 17).
Esta gracia fundamental le pedimos a la Santísima Virgen, Esposa del Espíritu Santo y Madre de la Iglesia: que no deje de interceder por nosotros para que “desde la salida del sol hasta el ocaso y en todo lugar se ofrece a mi Nombre (como dice el Señor) incienso y ofrenda pura, pues grande es mi Nombre entre las naciones” (Mal. 1, 11), y que algún día lleguemos a ser colocados como una ofrenda floral por Ella delante del altar del Trono de Dios, para embellecerlo por toda la eternidad.


[1] La siguiente homilía fue predicada el día de Pentecostés, el día 23 de mayo de 2015, en la parroquia Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, y fue publicada en la página Adelante la Fe, el día 24 de mayo de 2015, como puede verse aquí.
[2] Tertuliano, Apologeticum n. 37.
[3] San Ireneo, Adversus Haereses L. 1, c. 10, n. 2.
[4] Cf. Epístola a Digneto 5, 6.
[5] Primera Oración Colecta de la santa Misa de la Vigilia de Pentecostés.
[6] Pío XI, Quadragesimo Anno, 15 de mayo de 1931, n. 109.
[7] Juan Pablo II, Apostolos Suos, 21 de mayo de 1998, n. 22.

jueves, 9 de noviembre de 2017

Helder Câmara, el “Arzobispo rojo”


Traduzco un artículo, cuyo original puede verse aquí, que nos ilustra sobre el “Arzobispo rojo”, que hoy quieren proponernos como modelo de santidad. ¿No serán los mismos que pactan con Gustavo Gutiérrez y dicen abiertamente que no hay nada malo en la Teología de la Liberación, a pesar de que haya dos Instrucciones de la Congregación para la Doctrina de la Fe (Libertatis Nuntius y Libertatis Conscientia) donde se nos enseña claramente que sus enseñanzas son incompatibles con la fe católica y con el orden natural?
Aquí el artículo…

¿Quién es de verdad Don Helder Câmara?


Se ha hablado mucho en estos días de Don Helder Câmara, cuyo proceso de beatificación ha sido recientemente aprobado por el Vaticano. Para el italiano medio la figura di mons. Helder Pessoa Câmara (1909-1999), obispo auxiliar de Río de Janeiro, y después arzobispo metropolitano di Olinda-Recife, es casi desconocida. ¿Quién era Don Helder?

Una propaganda en los límites del ridículo
Las únicas noticias sobre mons. Câmara que filtran a nuestra prensa provienen desde fraguadas propagandísticas tan desequilibradas que no tengo miedo de definirlas cercanas a los límites del ridículo.
Recuerdo muy bien, por ejemplo, la reacción de la prensa en la época de la aparición di Dom Helder, en agosto de 1999. Los mass media italianos competían en panegíricos, confiriéndole títulos altisonantes como “Profeta de los pobres”, “Santo de las favelas”, “voz  del Tercer Mundo”, “San Helder de América”, etcétera. Fue una suerte de canonización massmediática[1].
Esta misma máquina propagandística parece sernos reactivada a propósito de la apertura del proceso de beatificación, firmado en el Vaticano el pasado 25 de febrero. Cualquier información sobre sus méritos no perjudicaría el asunto.

Militante filo-nazista
Quizá pocos lo saben, pero Helder Câmara inició su vida pública como militante en la derecha filo-nazista.
Él fue, en efecto, jerarca de la Ação Integralista Brasileira (AIB), el movimiento filo-nazista fundado por Plinio Salgado. En el 1934, el entonces padre Câmara entró a formar parte del Consejo Supremo del AIB. Dos años después llega a ser secretario personal de Salgado, y por lo tanto Secretario nacional del AIB, formando parte entre los protagonistas principales y las marchas paramilitares que imitaban a aquellas de los nazis en Alemania. Sus convicciones filo-nazistas eran así profundas, tanto que se ha hecho ordenar sacerdote portando debajo de la sotana la divisa de las milicias integristas, la infame “camisa verde”.
En el 1946, el arzobispo de Río de Janeiro quiere hacerlo su obispo auxiliar, pero la Santa Sede lo refutó a causa de su precedente militancia filo-nazista. La nominación llegó sólo seis años después. En ese entretiempo, Helder Câmara había madurado su pasado desde el integrismo filo-nazista al progresismo filo-marxista.
Cuando en el 1968 el escritor brasileño Otto Engel escribió una biografía de mons. Câmara, él recibe “resúmenes” desde la Curia de Olinda-Recife que lo intimaban a publicarlos. El arzobispo no quería hacer conocer su pasado filo-nazista…

Desde la JUC al PC. La Acción Católica brasileña
En el 1947, el padre Câmara fue nombrado Asistente general de la Acción Católica brasileña que, bajo su influjo, inició a deslizarse hacia la izquierda hasta abrazar, en algunos casos, el marxismo-leninismo. La migración fue particularmente evidente en la JUC (Juventud Universitaria Católica), a la cual Câmara estaba particularmente cercano. Escribe Luiz Alberto Gomes de Souza, ya secretario de la JUC: “La acción de los militantes de la JUC (…) desembocaba en un empeño que, a poco a poco, se ha revelado socialista”[2].
La revolución comunista a Cuba (corría el año 1959) fue acogida por la JUC con entusiasmo. Según Haroldo Lima y Aldo Arantes, dirigentes de la JUC, “la recrudescencia de las luchas populares y el triunfo de la revolución cubana en el 1959 abrieron la JUC a la idea de una revolución brasileña”. El giro hacia la izquierda fue muy favorecido por la participación de la JUC con la UNE (Unión Nacional de Estudiantes), cercana al Partido comunista. “Como resultado de su militancia en el movimiento estudiantil – proseguían Lima y Arantes – la JUC fue obligada a definir una agenda política más amplia para los cristianos de hoy. Fue así que, en el congreso del 1960, se aprobó un documento (…) en el cual anunciaba la adhesión al socialismo democrático y a la idea de una revolución brasileña”[3].
Durante el gobierno de izquierda del presidente João Goulart (1961-1964), toma forma en el interior de la JUC una facción radical inicialmente llamada O Grupão, el Gran Grupo, después transformándose en Ação Popular (AP) que, en el 1962, se definía socialista. En el congreso del 1963, la AP aprobó los propios Estatutos en los cuales “se abrazaba el socialismo y se proponía la socialización de los medios de producción”. Estatutos que contenían, entre otras cosas, un elogio de la revolución soviética y un reconocimiento de la “importancia decisiva del marxismo en la teoría y en la praxis revolucionaria”[4].
La deriva, todavía, no se firmó allí. En el congreso nacional del 1968 Ação Popular si proclamó marxista-leninista, cambiando el nombre en Ação Popular Marxista-Leninista (APML). Visto que nada más la separaba del Partido comunista, en el 1972 decide disolverse e incorporarse al Partido Comunista de Brasil. Atravesando esta migración, muchos militantes de la Acción Católica terminarán por participar en la lucha armada durante los años de plomo brasileños.
Contra el parecer de no pocos obispos, mons. Helder Câmara fue uno de los más entusiastas y convencidos defensores de la migración a la izquierda en la JUC[5].


Contra Pablo VI y otras rarezas
En el 1968, mientras el Papa Pablo VI se preparaba para publicar la encíclica Humanae Vitae, mons. Helder Câmara se declaró abiertamente contra el Pontífice, calificando su doctrina sobre los anticonceptivos como “un error destinado a torturar a los esposos y a turbar la paz de tantos hogares”[6].
En una poesía que causa de verdad sensación, el arzobispo di Olinda-Recife ironizaba llanamente sobre las mujeres “víctimas” de la doctrina de la Iglesia, constreñidas, según él,  a generar “monstruos”: “¡Hijos, hijos, hijos! ¡Si es el coito lo que quieres, debes procrear! ¡También si tu hijo nace sin vísceras, las piernas se le doblen, la cabecita parezca una pelota, y esté cercano a morir!”.
Helder Câmara defendía también el divorcio, aprobando la posición de las iglesias ortodoxas que “no excluyen la posibilidad de un nuevo matrimonio religioso a quien ha sido abandonado [por el cónyuge]”. Interrogado si esta posición no habría dado razón a los laicistas, él responde: “¿Qué importa que alguno cante victoria, si tienen razón?”
El inquieto arzobispo pedía a grandes voces también la ordenación sacerdotal de las mujeres. Volviéndose a un grupo de obispos durante el Concilio Vaticano II, preguntaba con insistencia: “Decidme, por favor, si encontráis cualquier argumento que sea efectivamente decisivo que impida a las mujeres el acceso al sacerdocio, ¿o se trata más bien de un prejuicio masculino?”
Y qué importa si el Concilio Vaticano II ha impedido después esta posibilidad. Según Câmara, “debemos ir más allá de los textos conciliares [en donde] la interpretación compete a nosotros”.
Pero los deseos no terminaban allí. En una conferencia tenida de frente a los Padres Conciliares, en el 1965, él afirmaba: “Creo que el hombre creará artificialmente la vida, llegará a la resurrección de los muertos y (…) obtendrá milagrosos resultados de fortalecimiento de pacientes masculinos con la inserción de glándulas genitales de simios”.

Alineado con la URSS, China y Cuba
Las tomas concretas de posición de Dom Helder en favor del comunismo (aunque también algunas veces criticaba el ateísmo) fueron numerosas y coherentes.
Por ejemplo, ha sido tristemente notoria su intervención del 27 de enero de 1969 en Nueva York, en el curso de la VI Conferencia anual del Programa Católico de Cooperación Interamericana. Intervención en tal modo alineada con el comunismo internacional, que le valió el epíteto de “Arzobispo rojo”, apelativo indisolublemente después ligado a su nombre.
Después de haber duramente reprendido a los Estados Unidos su propia política anti-soviética, Dom Helder propuso un drástico corte de las fuerzas armadas estadounidenses, mientras por otro lado pedía a la URSS de mantener las propias capacidades bélicas para poder hacer frente al “imperialismo”. Consciente de las consecuencias de tales estrategias, él se defendía a priori: “¡No me digáis que tales acercamientos pondría al mundo en las manos del comunismo!”
Luego del ataque a los Estados Unidos, Helder Câmara pasó a tejer el panegírico de la China de Mao Tse-Tung, ahora en plena “revolución cultural”, que provocó millones de muertos. El Arzobispo Rojo pide formalmente la admisión de la China comunista a la ONU, con la consiguiente expulsión de Taiwan. Y terminó su intervención con un llamado en favor del dictador cubano Fidel Castro, empeñado en la época en favorecer guerrillas sanguinarias en América Latina. Pide también que Cuba fuese readmitida en la OEA (Organización de los Estados Americanos), de la cual había sido expulsada en el 1962.
Esta intervención, así descaradamente pro-comunista y anti-occidental, fue denunciada por el prof. Plinio Corrêa de Oliveira en el manifiesto «El Arzobispo rojo abre las puertas de América y del mundo al comunismo»: “Las declaraciones contenidas en el discurso de Dom Helder delinean una política de rendición incondicional del mundo al comunismo. Estamos de frente a una realidad convulsionada: un Obispo de la Santa Romana Iglesia empeña el propio prestigio derivado de su dignidad de sucesor de los Apóstoles para demoler los bastiones de la defensa militar y estratégica del mundo libre de frente al comunismo. El comunismo, esto es el más radical, implacable, cruel e insidioso enemigo que nunca se haya arremetido contra la Iglesia y la civilización cristiana”[7].

Un proyecto de revolución comunista para América Latina
Pero quizás el episodio que desató más estupor ha sido el así llamado “affaire Comblin”[8].
En junio de 1968 se filtró a la prensa brasileña un documento-bomba preparado bajo la égida de mons. Helder Câmara por el sacerdote belga Joseph Comblin, profesor cercano al Instituto Teológico (Seminario) de Recife. El documento proponía, sin velos, un plan subversivo para desmantelar al Estado y establecer una “dictadura popular” de matriz comunista. He aquí algunos puntos:
Contra la propiedad. En el documento, Comblin defiende una triple reforma – agraria, urbana y empresarial – partiendo del presupuesto que la propiedad privada y, por lo tanto, el capital son intrínsecamente injustos. Cualquier uso privado del capital debería estar impedido por la ley.
Igualdad total. El objetivo, afirma Comblin, es establecer la igualdad total. Cada jerarquía, sea en el campo político-social sea en aquel eclesiástico, ha de ser por ello abolida.
Revolución político-social. En el campo político-social, esta revolución igualitaria propugna la destrucción del Estado por manos de “grupos de presiones” radicales los cuales, una vez tomado el poder, deberán establecer una férrea “dictadura popular” para amordazar a la mayoría, que permanece “indolente”.
Revolución en la Iglesia. Para consentir a esta minoría radical de gobernar sin estorbos, el documento propone la virtual anulación de la autoridad de los obispos, que estarían sujetos al poder de un órgano compuesto sólo por extremistas, una suerte de “Politburo” eclesiástico[9].
Abolición de las Fuerzas Armadas. Las Fuerzas Armadas deben ser disueltas y sus armas distribuidas entre el pueblo.
Censura de la prensa, la radio y la TV. Hasta que el pueblo no haya alcanzado un aceptable libelo de “conciencia revolucionaria”, la prensa, la radio y la TV deben ser estrechamente controladas. Las elites que no estén de acuerdo deben abandonar el país.
Tribunales populares. Acusando al Poder Judicial de estar “corrompido por la burguesía”, Comblin propone la institución de “tribunales populares extraordinarios” para aplicar el rito sumario contra cualquiera que se oponga a este viento revolucionario.
Violencia. En el caso en el que no fuese posible actuar en este plano subversivo con medios normales, el profesor del seminario di Recife consideraba legítimo el recurso a las armas para establecer, manu militari, el régimen por él teorizado[10].
La apología de Helder Câmara
El “Documento Comblin” tuvo en Brasil el efecto de una bomba atómica. En medio de la encendida polémica que se siguió, el padre Comblin no negó la autenticidad del documento, pero dijo tratarse “solamente de un proyecto” (sic!). Desde su propia parte, la Curia di Olinda-Recife admitía que él provenía sí desde el seminario diocesano, precisando sin embargo que “no era un documento oficial” (todavía sic!).
Interpretando la legítima indignación del pueblo brasileño, el prof. Plinio Corrêa de Oliveira escribió entonces una carta abierta a mons. Helder Câmara, publicada en 25 diarios. Leemos en la carta: “Estoy seguro de interpretar el sentimiento de millones de brasileños pidiendo a Su Excelencia que expulse del Instituto Teológico di Recife y de la Archidiócesis al agitador que se aprovecha del sacerdocio para apuñalar a la Iglesia, y abusa de la hospitalidad brasileña para predicar el comunismo, la dictadura y la violencia en Brasil”.
Helder Câmara respondió evasivamente: “Todos tienen el derecho de disentir. Yo simplemente siento todas las opiniones”. Pero, al mismo tiempo, confirmó al padre Comblin en el cargo de profesor del Seminario, respaldándolo con su propia autoridad episcopal. Al fin, el gobierno brasileño revocó el permiso de permanencia del sacerdote belga, que debió por ende dejar el país.

Teología de la liberación
Mons. Helder Câmara es también recordado como uno de los paladines de la así llamada “Teología de la liberación”, condenada por el Vaticano en el 1984.
Dos declaraciones sintetizan esta teología. La primera, del connacional de Dom Helder, Leonardo Boff: “Eso que proponemos es el marxismo, materialismo histórico, en la teología”[11]. La segunda, del peruano Gustavo Gutiérrez, padre fundador de la corriente: “Eso que entendemos aquí por teología de la liberación es la implicancia en el proceso político revolucionario”[12]. Gutiérrez nos explica también el sentido de tal implicancia: “Sólo yendo más allá de una sociedad dividida en clases. (…) Sólo eliminando la propiedad privada de la riqueza creada por el trabajo humano, estaremos a la altura de poner las bases para una sociedad más justa. Y por esto que los esfuerzos por proyectar una nueva sociedad en América Latina se están orientando siempre más hacia el socialismo[13].
Con respecto a este tema ha sido dedicado un libro recientemente publicado en Italia por Cantagalli: «Teología de la liberación: un salvavidas de plomo para los pobres»[14].

¿Amigo de los pobres y de la libertad?
Pero quizá la más grande patraña sobre Helder Câmara es aquella de presentarlo como amigo de los pobres y defensor de la libertad.
El título de defensor de la libertad se adiciona muy mal a uno que ha negado algunas de las dictaduras más sanguinarias que han cubierto el siglo XX, primero el nazismo, y después el comunismo en todas sus variantes: soviética, cubana, china…
Sobre todo, sin embargo, el título de amigo de los pobres no se añade adecuadamente a alguien que sostenía regímenes que han causado una pobreza tan espantosa que han sido calificados por el entonces cardenal Joseph Ratzinger “vergüenza de nuestro tiempo”[15].
Un análisis atento de América Latina — país por país — muestra claramente que, allá donde se han aplicado las políticas propuestas por Dom Helder el resultado ha sido un notable aumento de la pobreza y del descontento popular. Allá donde, por el contrario, se han aplicado las políticas opuestas, el resultado ha sido un general incremento del bienestar[16].
Un ejemplo para todos: la reforma agraria, de la cual Dom Helder fue el principal promotor y que, por el contrario, se ha demostrado “la peor falla de la política pública en nuestro país”, en las palabras no sospechosas de Francisco Graziano Neto, presidente del INCRA (Instituto Nacional de Colonização e Reforma Agrária), esto es el ministerio propuesto para implementar la reforma agraria[17].
El lector interesado en profundizar el tema, con tantos datos estadísticos relevantes, puede hacer referencia al libro arriba mencionado[18].
Tenía razón Indro Montanelli cuando decía: “La izquierda ama tanto a los pobres que cada vez que va al poder aumenta su número”.


[1] Cfr. Julio LOREDO, L’altro volto di Dom Helder, “Tradizione Famiglia Proprietà”, novembre 1999, pp. 4-5.
[2] Luiz Alberto GOMES DE SOUZA, A JUC. Os estudantes católicos e a política, Editora Vozes, Petrópolis 1984, p. 156.
[3] Haroldo LIMA e Aldo ARANTES, História da Ação Popular. Da JUC ao PC do B, Editora Alfa-Omega, São Paulo 1984, p. 27-28.
[4] Ibid., p. 37.
[5] Véase, por ejemplo, Scott MAINWARING, The Catholic Church and Politics in Brazil, 1916-1985, Stanford University Press, 1986, p. 71.
[6] Cfr. Helder PESSOA CÂMARA, Obras Completas, Editora Universitária, Instituto Dom Helder Câmara, Recife, 2004. Cfr. Massimo INTROVIGNE, Una battaglia nella notte, Sugarco Edizioni, Milano 2008.
[7] Plinio CORRÊA DE OLIVEIRA, O Arcebispo vermelho abre as portas da América e do mundo para o comunismo, “Catolicismo” Nº 218, febrero de 1969. Es interesante confrontar – para revelarnos las numerosas semejanzas – el discurso de Dom Helder con aquel realizado por Ernesto “Che” Guevara en la ONU el 12 de diciembre de 1964.
[8] “Asunto Comblin” – en el original en francés [N de la Trad. Española].
[9] Comisión política del Comité Central del Partido Comunista de la extinta Unión Soviética y de otros países [N de la Trad. Española].
[10] Véase Plinio CORRÊA DE OLIVEIRA, TFP pide medidas contra el padre subversivo, “Catolicismo”, Nº 211, julio de 1968.
[11] Leonardo BOFF, Marxismo na Teologia, in “Jornal do Brasil”, 6 de abril de 1980.
[12] Gustavo GUTIÉRREZ, Praxis de libertação e fé cristã, Appendice a Id., Teologia da libertação, Editora Vozes, Petrópolis 1975, p. 267, p. 268.
[13] Gustavo GUTIÉRREZ, Liberation Praxis and Christian Faith, in Lay Ministry Handbook, Diocese of Brownsville, Texas 1984, p. 22.
[14] Julio LOREDO, Teologia della liberazione: un salvagente di piombo per i poveri, Cantagalli, Siena 2014.
[15] SAGRADA CONGREGACION PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Instrucción Libertatis Nuntius, XI, 10.
[16] Traduzco literalmente este párrafo, pero lo cierto es que también las políticas liberales implementadas en América Latina han ido contra la Doctrina Social de la Iglesia, y por esto a la larga son malas para los países. Basta colocar como ejemplo la aprobación de leyes contra el orden natural y la corrupción pública, que llega a niveles asombrosos [N de la Trad. Española].
[17] Francisco GRAZIANO NETO, Reforma Agraria de qualidade, in “O Estado de S. Paulo”, 17 de abril de 2012.
[18] Julio LOREDO, Teologia della liberazione: un salvagente di piombo per i poveri, pp. 315-338. El libro puede ser pedido online a info@atfp.it